La metáfora en la terminología de arquitectura y de construcción (1)

Escalera de la catedral de Pamplona

Borrico, burro, caballo, gallo, galápago, cangrejocaracol, carpa, cucaracha…, ¿una relación de animales? Sigo leyendo: cabeza, cara, ceja, cipotehombro, nariz…, ¿un tratado de anatomía?

No, también hablan de tambor, tijera, cama o cuchillo. Es un texto de construcción.

Antes de adentrarnos en algunas de las metáforas utilizadas, vamos a intentar contestar a estas preguntas: ¿por qué se usan estas palabras?, ¿cómo se han introducido en la terminología de construcción?

Un poco de historia

Hasta la Edad Media, el arte de la construcción era un conjunto de saberes prácticos, que los maestros de obra transmitían de manera muy secreta a sus aprendices.

En el Renacimiento, surge la necesidad de transformar ese conocimiento: el alarife se convierte en arquitecto, en el «principal fabricador» y se le obliga a adquirir ciertos conocimientos de filosofía y artes liberales pues se considera que sin ellos no pueden ser perfectos arquitectos.

           

En los siglos XV y XVI aparecen los primeros tratados de arquitectura. Es entonces cuando se incorpora a estos tratados el léxico grecolatino de origen metafórico que encontramos en las obras españolas del Renacimiento. Sus autores pretenden enriquecer la lengua con una nueva terminología, más científica y técnica, y adoptan y recuperan términos de la antigüedad clásica u otros de obras científicas humanísticas. Utilizan la metáfora para hacer más comprensible lo que se convierte entonces en una ciencia: la Arquitectura.

En De re aedificatoria, de Leon Battista Alberti y en su traducción al español, Los diez libros de Arquitectura de León Batista Alberto, de Francisco Lozano se emplean las metáforas del léxico clásico y se potencia su uso para hacer más comprensible (1).

Este tratado también establece las bases teóricas de la nueva ciencia, que se difunde en España sobre todo a través de las traducciones al español de las obras de Vitrubio y de Alberti. Es él quien explica la introducción de algún nuevo término de arquitectura, como collarino, porque:

[…] así llaman cerca de nós, los de Toscana, una cinta muy delgada, con que las donzellas atan y ciñen los cabellos; llamemos pues collarino (si nos es lícito) la faxuela que como regla flechada en redondo rodea en lugar de anillo la estremidad de la columna. (2) 

            

Actualmente, cualquier arquitecto falto de recursos terminológicos para referirse a un elemento arquitectónico concreto, recurre habitualmente a la metáfora y, en las conversaciones que se oyen en las obras y también en los textos de construcción, son habituales palabras como cabeza, garganta,  brazos, alas, que todos los interesados entienden porque se refieren, muy  isualmente, a un elemento fácil de identificar. A veces, incluso, puede existir un término ya acuñado para dicho elemento, pero, por desconocimiento o por pereza, se usan metáforas cercanas, fácilmente comprensibles, aunque de significado poco específico.

Y esto no solo ocurre a los arquitectos de habla hispana. Hace unos días, sin ir más lejos, en un foro de traductores alguien preguntaba por el término francés voilette que describe muy bien, refiriéndose a los velos que cubrían parcialmente el rostro de algunas señoras, las láminas ondulantes que protegían del sol las fachadas de un edificio.

No siempre reconocemos las metáforas. Si no conocemos la lengua de origen, pueden pasar desapercibidas, como es el caso del ancón, canecillo utilizado como motivo ornamental, que procedes del griego αγκων y del latín ancon, ángulo o doblez del codo.

¿Por qué la metáfora?

Porque la metáfora establece una relación entre realidades distintas y facilita la comprensión de nuevos objetos, formas e ideas. Además de un recurso poético, este mecanismo analógico es un proceso cognitivo que permite comunicar con eficacia ideas y pensamientos.

Porque el arquitecto tiene que hacerse entender. Su creatividad le lleva a usar imágenes cuya forma o función pueda asimilarse a las ideas y pensamientos que quiere expresar.

Porque la metáfora otorga al edificio un nexo con la naturaleza, adornándolo con elementos propios de los seres vivos: alas, cuernos, picos, brazos, espinas, colas, hojas y tallos.

Porque la arquitectura es un arte eminentemente visual y la metáfora describe la forma o la función de unos elementos inertes morfológicamente, similares a formas de la naturaleza, estableciendo una relación visual entre una imagen conocida y un concepto arquitectónico.

Las metáforas usadas en arquitectura se utilizan para relacionar formas y funciones de la naturaleza, del cuerpo humano, de la flora y de la fauna, u objetos de uso cotidiano con elementos arquitectónicos, para hacer más comprensibles las características de la forma y de la función de estos elementos constructivos.

Aquí podéis ver el significado de las metáforas utilizadas en el texto anterior.

(1) Margarita Freixas: «Una aportación a un diccionario histórico de lenguajes de especialidad: el léxico metafórico de tres tratados arquitectónicos del Renacimiento español (1526-1582)», Revista de Lexicografía, XV (2009), pp. 31-57.

(2) En Margarita Freixas, op. Cit.: Alberti, De re edificatoria, traducción de Lozano 1582: VI, XIII, 187-188.

Fotos: Escalera de la catedral de Pamplona, @mercedessánchez-marco. el resto, libres, de internet

.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *