A mi compañero arquitecto, de una traductora

04-10-09. Sillas (?) en una calle de Palermo.

Querido amigo y compañero:

Pues sí, porque además de traductora también soy arquitecta, no puedo remediarlo, lo llevo dentro, y aunque ya no ejerza, sigo caminando con la vista en alto, fijándome en los detalles de las cornisas, de los balcones, o preguntándome el por qué de la fisura que aparece en la fachada de ese edificio.

El otro día te pusiste en contacto conmigo porque tenías que dar una conferencia en inglés, en un ambiente académico, y querías que te tradujera la ponencia a dicho idioma.

Sé que has tenido la ocasión de impartir clases al otro lado del Atlántico, y seguramente eres consciente de tus limitaciones en la lengua de Shakespeare. Me figuro que te acordaste de mí porque no había nadie en tu estudio que te solucionase el problema. Eran las 9:30 y necesitabas las 5 500 palabras traducidas al inglés para la 1 del mediodía del mismo día: efectivamente tenías un problema.

Querido amigo y compañero: eres un exquisito cuando dibujas, exigente con la expresión gráfica de tus colaboradores y alumnos ¿por qué no eres igualmente exigente con este otro medio de expresión, que es el idioma y con lo que quieres expresar en otra lengua?

Una traducción lleva su tiempo: hay que saber del tema que se traduce, el léxico específico. Y hay que revisarla, corregirla; a menudo interviene un segundo traductor para hacerlo. Traducir más de 3 000 palabras diarias a un español correcto y bien escrito exige un gran esfuerzo. Porque es posible pasar ocho, diez, doce o catorce horas seguidas delante de la pantalla dibujando un plano. Pero la traducción, y te lo digo por experiencia, exige una mayor concentración, un mayor esfuerzo: forzar el número de palabras a traducir en un día, va en detrimento de la calidad del texto final.

Una traducción no la hace cualquiera. Seguro que tienes en el estudio un estudiante o un recién licenciado que ha pasado un año estudiando en Inglaterra. Él te puede ayudar a entender un texto, a salir del paso cuando quieres enviar un correo, perono le pidas que te traduzca una conferencia que vas a impartir a un público de profesionales. Una lengua tiene mil matices que solo el que lo habla desde niño sabe captar. El traductor profesional solamente traduce a su lengua materna, y si necesita realizar una traducción a otra lengua que no sea la suya, acude a un compañero para que le corrija. Además, una traducción de arquitectura no la hace cualquier traductor, porque efectivamente, lo que escribimos los arquitectos, a veces sólo lo entendemos nosotros, y lo mismo sucede con una traducción legal o médica: son especializades, como otras,  que requieren un gran conocimiento del tema que se traduce.

Una traducción cuesta dinero. El traductor es un profesional que se ha formado y continúa formándose, poniéndose al día. Se merece cobrar un salario digno, y podrás llegar sin dificultad a una cantidad aproximada a partir de las 3 000 palabras diarias. Pero ten en cuenta que paga su seguridad social, tiene vacaciones y necesita realizar ciertas inversiones en equipo, y, además, reciclarse.

Por todo ello, querido amigo y compañero, me negué a hacerme cargo de la traducción que te urgía, y te sugiero que antes de que llegue la próxima ocasión, le dediques un tiempo a leer la guía para contratar traducciones que ha publicado recientemente Asetrad, la Asociación Española de Traductores.

Espero que tus oyentes anglófonos no tuviesen dificultades en entender el texto traducido por la hija de tu secretaria, que es una estupenda intérprete de Bach.

¿Morirá la Arquitectura de tanto comunicarse?

colores

”New trends and new times, new market conditions and newer communicational means are also creating, it seems, new modes of architectural production-consumption and along with them, an allegedly new type of professional with skills suited for an era where communication primes.

News spreads at an increasingly faster rate, generating an exponential inflation in the informational corpus: news and texts are forwarded, commented on, cut/cropped/quoted/linked and disseminated in the blink of an eye, and we, internauts brought up on a steady diet of continuous feedbacks, updates and comments, have quickly grown dependent upon the continuity of the flux. We require a constant nourishing perpetuating the dynamics of a performative informational experience, which has become the default setting. […] The rise of the contemporary starchitectural system reflects very vividly this situation, where architects stand in the spotlight not only according to the quality of their (classically considered) architectural production, but also corresponding to their qualities as performers, or even due to their ability to keep a network of gossip circulating around them.

Might it be — I can hear Roger Waters singing — that Architecture is communicating itself to death?” 

Extracto del artículo “Modern Talking” publicado en Mas Context, por el arquitecto y dibujante Klaus

Tras la introducción de la informática y de los programas CAD que revolucionaron el quehacer de los estudios de arquitectura, la irrupción de internet ha modificado totalmente el panorama de la arquitectura contemporánea. Hoy quiero incidir en la influencia que pueda tener esta comunicación en la forma en que se aborda la obra de arquitectura

Recuerdo que en los años que pasé en la escuela, gran parte de mi tiempo transcurría en la biblioteca, hojeando libros y revistas de arquitectura. Junto con las visitas que arquitectos de renombre realizaban a la Escuela, era la única manera de conocer las grandes obras de arquitectura.

Más tarde, se organizaron viajes para conocer las realizaciones de arquitectos de renombre. Algunos de estos viajes, organizados por los colegios profesionales, nos daban la oportunidad de hablar con los compañeros de otros países, intercambiar opiniones y discutir sobre sus obras.

Hoy en día, no nos hace falta acudir a las bibliotecas ni viajar para recorrer, con un clic del ratón, los últimos edificios proyectados, entrar incluso en su interior, contrastar los detalles constructivos del proyecto y ver qué opinan nuestros compañeros sobre estas obras.

La red pone toda la información a nuestro alcance, al instante, y se produce una cantidad ingente de noticias, comentarios, textos, que se distribuyen, multiplican y en un abrir y cerrar de ojos llega al otro lado del globo.

Éste cúmulo de información hace que el profesional e internauta curioso –el archinauta como lo llama Klaus– necesite estar continuamente conectado si quiere estar al día y alimentar la dinámica informativa.

El arquitecto se nutre de imágenes de arquitectura que compiten en la red, rara vez acompañadas de un texto que profundice en el desarrollo de la idea que las sustenta, estudie las posibles alternativas o sea el resultado de un debate sobre la solución presentada. Y cuando publica, en la mayor parte de las ocasiones, no se pone en juego el rigor de sus ideas o la calidad e innovación de las soluciones constructivas propuestas, sino la vistosidad de las formas arquitectónica que un fotógrafo experimentado haya sabido plasmar. No vale tanto la calidad de una idea y de un proyecto cuanto el impacto mediático que puede producir.

Ya no leemos revistas de arquitectura, sino blogs, y los textos que otrora eran editados y publicados previa revisión y corrección, hoy se cuelgan en la red sin aviso previo, creciendo exponencialmente tanto el número de publicaciones como de autores.

A través de los motores de búsqueda podemos acceder a esa ingente cantidad de información, y el lector ya no tiene tiempo de profundizar en su lectura, sino que recorre los textos con una mirada zigzagueante entresacando frases y párrafos que sirvan para ilustrar sus propios textos. A lo largo del día podemos encontrar en las redes un mismo comentario repetido, traducido, y distribuido por diferentes países contribuyendo así a engrosar el corpus informático.

El proceso de reflexión y de introspección que generaban los textos, se ve sustituido por la conexión y búsqueda en la red, dando lugar a mayor número de comentarios que de textos analíticos, y dominando la cantidad de los mismos frente a su calidad.

En un extenso artículo publicado en Mas Context, el arquitecto y dibujante Klaus reflexiona sobre la influencia de la comunicación por la red en la difusión de la arquitectura. Como dice Klaus, importa más lo visual y mediático que la calidad de la producción:

Las habilidades de comunicación son ahora, más que nunca, un sine qua non para los arquitectos que, dejando atrás su anterior encarnación en genios recluidos o en silenciosos artesanos, se convierten en activos portavoces, polemistas o incluso provocadores. El crecimiento del número de arquitectos estrella refleja nítidamente esta situación, en la que los arquitectos están en el candelero no sólo por la calidad de su producción arquitectónica, considerada desde el clásico punto de vista, sino también por su calidad como actores o incluso por su habilidad para mantener una red de cotilleo que circule a su alrededor…”

[Extracto del artículo «Modern Talking» publicado en Mas Context, por el arquitecto y dibujante Klaus]

La banalización que puede suponer esta comunicación hasta el infinito del aspecto visual de la arquitectura, la adopción por parte del arquitecto de una función mediática frente a su antigua labor artesana y creativa, unidas a la falta de análisis y debate ideológico, ¿pueden llevar a la muerte de la arquitectura?

Y hablando ya como traductora, ¿qué voy a decir de las publicaciones de artículos escritos originariamente en otras lenguas y traducidos con la ayuda de Google, textos que no resisten una lectura atenta?

Todo lo dicho anteriormente es también aplicable a la traducción. El tiempo que dedicamos al mantenimiento de las redes sociales, a los tuiteos y a la lectura rápida de múltiples blogs, va en detrimento de la lectura, lectura de literatura, que es la fuente que alimenta la calidad de nuestra lengua.

Y, como Roger Waters, me pregunto:

¿morirá la Arquitectura de tanto comunicarse?

 Foto: imagen libre de internet

Traducir arquitectura

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Traducir arquitectura: ¿es una especialidad?

Traducir un texto de arquitectura no es sólo trasladarlo a otro idioma: puede dar lugar a una variación importante del documento original.

Las técnicas y materiales constructivos varían en el tiempo y según la situación geográfica. A menudo no se pueden utilizar las fotos o los dibujos empleados en el documento original, y hay que adaptarlos al sistema constructivo del país al que se dirige. Otro tanto sucede con la terminología: cuando los términos utilizados o los trabajos y conceptos que designan no tienen equivalentes en el idioma meta, se deben utilizar nuevos términos y definiciones.

La localización de un texto de arquitectura puede resultar muy complicada, sobre todo si el cliente, o el propio traductor, no tienen claro el límite de nuestra labor. Ya hablaba Yana Onikiychuk en la entrevista recientemente publicada en proTECT Proyect de la tendencia que tienen los traductores especialistas a mejorar el texto original.

Otro escollo con el que a menudo nos encontramos en los textos sobre arquitectura tradicional, es el gran número de acepciones para un mismo concepto, ya que es habitual que exista un léxico regional en los diversos oficios de la construcción, que no siempre coinciden con los de otras regiones. La abundancia de sinónimos y la falta de determinados términos responden a la variedad de las técnicas de construcción y a su diversidad en las diferentes regiones. Esto sucede entre las diferentes regiones de un mismo país, y es más evidente en los idiomas que se hablan a los dos lados del Atlántico, como son el inglés y español. De ahí la necesidad del uso de textos paralelos adecuados y los conocimientos necesarios para discernir su fiabilidad, así como la necesidad de glosarios específicos contrastados.

En la segunda mitad del siglo XX y en los primeros años del XXI, las técnicas constructivas han evolucionado, y se han introducido materiales hasta ahora desconocidos. Las nuevas tecnologías han ido desarrollando en paralelo una terminología propia que ha incrementado considerablemente los glosarios de construcción, que evolucionan de año en año.

La traducción de los textos de construcción requiere, por lo tanto, una continua puesta al día sobre estas nuevas tecnologías.

Otro tanto ocurre con el ámbito normativo. La promulgación del Código Técnico de la Construcción vino acompañada, en cada capítulo, de la terminología utilizada. La normalización en el ámbito europeo de esta normativa nos permite, a través del acceso a documentos bilingües, establecer la concordancia terminológica. Pero esta terminología es estándar y quizás no sea la manejada por el cliente para el que se realiza la traducción: no siempre debemos apoyarnos en el uso de estos recursos.

Un problema común con otro tipo de traducciones técnicas es la falta de recursos en idiomas diferentes al inglés que nos obligan a utilizar este idioma como puente entre los glosarios del idioma fuente y los del idioma meta.

En el caso de la traducción editorial de libros, reedición de las grandes obras clásicas, o publicaciones recientes, es necesario actualizarlas, introduciendo numerosos cambios en los textos y en las imágenes. Pueden ser necesarias modificaciones que afecten únicamente a la ortotipografía o cambios de sentido o de contenido, en función del público al que van dirigidos. A menudo que la traducción de un libro supone un adaptación tan drástica que quizá lo más adecuado fuera no publicar la edición española o reescribir de nuevo el libro, adaptándolo al mercado hispanohablante. Esto también tiene sus dificultades debido a las diferencias existentes en el sector arquitectónico entre España y Latinoamérica. La traductología tendría mucho que decir en este caso: volvemos al problema de los límites de la localización antes tratado. Cuando se trata de editar un libro antiguo, que necesita ser adaptado al lenguaje actual, hace falta también modificar los términos utilizados y adaptarlos a las definiciones actuales que no siempre son coincidentes con las del momento de su escritura.

En cualquier caso, en el proceso de la traducción de textos de arquitectura y construcción debe intervenir, ya sea como traductor o como corrector, un especialista en la materia, con conocimientos constructivos suficientes de construcción y de su terminología, o en su defecto, un traductor muy versado en la materia. La especialización del traductor en arquitectura y construcción es necesaria para que este tipo de textos ofrezcan traducciones adecuadas.

Traducir arquitectura: ¿es una especialidad? ¡Por supuesto! Cada campo del saber y de la actividad humana constituye una especialización y para traducirlo bien debemos conocer a fondo sus peculiaridades.

Dibujo:  @Mercedes Sánchez-Marco