El lenguaje de los arquitectos

Máscara Myra 1

Mucho podemos decir del lenguaje que utilizan los arquitectos cuando hablan de arquitectura y cuando describen sus proyectos. Mientras trabajé solo como arquitecta, no me percaté de ello, pero desde que soy traductora y presto atención a las palabras, me he dado cuenta de que los arquitectos utilizamos un lenguaje propio y peculiar al tratar los temas de nuestra profesión, un lenguaje no siempre fácil de entender para los profanos.

El arquitecto no ha tenido formación lingüística: su medio de expresión es el lápiz, el programa de dibujo o el de modelado tridimensional y, sin embargo, también tiene que escribir y describir su proyecto con palabras. Algunos profesionales dominan la escritura y son tan hábiles con la pluma como con el lápiz, con el teclado como con el ratón, deberíamos decir hoy en día, pero otros, adornan un lenguaje pobre con unas palabras incomprensibles para un profano o con neologismos difícilmente admisibles por la Real Academia de la Lengua, esperando con ello que su discurse resulte más culto.

Una traductora inglesa, con mucha experiencia en la traducción de textos escritos por mis compañeros, me comentaba que tiene por costumbre aplicar una tarifa bastante más alta a este tipo de textos, porque entenderlos le supone una mayor dificultad.

Pierre Fuentes, amigo arquitecto y traductor, publicaba hace tiempo en su blog La poutre dans l’oeil, esta entrada que ilustra el uso del lenguaje por parte de estos profesionales.

EL LENGUAJE DE LOS ARQUITECTOS: ¿ELITISTA O RACIONALISTA?

¿Utilizan los arquitectos un lenguaje abstruso?

La gente se burla de su jerga. Se les echa en cara que utilizan un vocabulario incomprensible. Se les encierra en el cliché de su «torre de marfil», esa obra de dimensiones bíblicas que parece protegerlos de la mediocridad de sus contemporáneos. Algunos dicen incluso que el único objeto de este lenguaje abstruso es mantener alejados a los filisteos.

Es cierto, hay que admitirlo, que los arquitectos tienen a veces tendencia a dejarse llevar por un cierto hermetismo lingüístico pero es sólo el resultado de la evolución del entendimiento humano.

En 1923, Le Corbusier publica  Vers une architecture, un trabajo en el que expresa «tres llamadas de atención a los señores arquitectos». Se refiere a: «el volumen», «la superficie» y «el plano», las tres principales componentes de toda arquitectura. El volumen, es la forma bajo la luz. Es más bella cuanto más simple. La superficie cubre el volumen. Se debe elaborar según las reglas que establecen las leyes geométricas. El plano es el que ordena. El elemento generador.

En 1930, aún va más lejos. En Précisions, se libera totalmente de los conceptos antropomórficos: la «habitación» se convierte en «la función»; el «pasillo», un «órgano de circulación horizontal»; el «tabique», un «diafragma».

¿Por qué no llamar gato al gato? ¿Por qué ese elitismo lingüístico?

Porque no se trata de elitismo. Se trata de racionalizar. Para entender la arquitectura moderna, hay que preguntárselo a la física moderna.

«Resumiendo, lo que caracteriza la evolución de la física, es una tendencia a la unidad y esta unificación se realiza sobre todo bajo el signo de una cierta liberación de la física, de sus elementos antropomórficos y, sobre todo, de los vínculos que la hacían depender de lo específico que hay en la percepción de nuestros órganos de los sentidos» (Initiation à la Physique, Max Planck, 1934, Flammarion, traducido del alemán por J. du Plessis de Grenédan, 1941).

Max Planck pertenecía a la primera generación de los grandes sabios del siglo XX. Premio Nobel de física en 1919 e inventor del concepto de «quantum», explicaba que para entender los fenómenos que perciben nuestros sentidos, la física había tenido que liberarse de «sus elementos antropomórficos», esto es, de los vínculos que la hacían depender de lo específico que hay en los órganos de nuestros sentidos.

Llamar «pasillo» a un «pasillo», es ya darle la forma que nuestros sentidos están acostumbrados a percibir. ¿Cómo sería posible, en semejantes condiciones, poder pensar en él bajo una forma diferente?

Los arquitectos utilizan un lenguaje extraño, no porque sean elitistas, sino porque rechazan dejar que el sentido común domine la concepción de los espacios que intentan proyectar. 

El tema da mucho de sí, y seguiremos hablando de ello.

 

Bajorrelieve del teatro romano de Myra.

 

Fotos: Bajorrelieves, representaciones de máscaras, del anfiteatro de  Myra, Anatolia. @Mercedes Sánchez-Marco