El arquitecto tímido

De la Farmacia de marco Ermentini
De la Farmacia de Marco Ermentini

 

En su día, el gran arquitecto Saenz de Oiza realizó estas declaraciones, que no comparto, reflejo de su actitud ante la profesión del arquitecto:

… Mi tesis es: la operación de actuación sobre la arquitectura antigua

es una operación de arquitectos. El objeto sobre el que trabajan los arqueólogos

y restauradores es un objeto de arquitectura, que incumbe al

arquitecto… al final la operación de intervención es una operación que

transforma la arquitectura. La arquitectura transformada es una operación

de arquitectura… Entre arqueólogos y restauradores, por un lado,

y los legisladores por otro, estamos entre enemigos: unos nos entregan

del pasado lo que quieren, otros nos proponen lo que debe ser el futuro

de las formas que soñamos…

En cambio, yo abogo por la timidez. Si: soy una arquitecta tímida.

Los arquitectos, opino, no deben ser los únicos actores de la obra de restauración, sino que debe intervenir un equipo interdisciplinar y la actitud del arquitecto al enfrentarse a ella debe ser de timidez. Timidez, escuchando primero lo que dice el propio edificio, una parte de nuestro pasado, timidez, dejando protagonismo a la historia, al papel que el edificio ha tenido en ella y a las huellas que la cuentan, timidez también frente a la labor de los historiadores y arqueólogos y timidez al actuar, guiados por el respeto al edificio y a su historia.

La arquitectura histórica transmite un testimonio del tiempo pasado que únicamente podemos desvelar a través de la arqueología y conocer mediante la historia. Las formas del edificio que han llegado hasta nosotros cobran sentido cuando desvelamos su origen y las circunstancias de su construcción, la cronología de las diferentes obras e intervenciones y los hechos que rodearon sus avatares históricos.

La actuación de intervención debe supeditar los sueños creativos a otras disciplinas: un nuevo reto del que el arquitecto tímido también puede salir airoso. Cuanto mayor sea la información –y la formación– del arquitecto y el trabajo conjunto con las otras disciplinas, menor será la posibilidad de que la intervención de restauración provoque inexorablemente la destrucción del valor documental e histórico del edificio.

El «Manifiesto para una restauración tímida» del súper conservador Amadeo Bellini, impulsor con Marco Ermentini de la Shy Architecture Association establecía con ironía un sistema de carnet por puntos para el restaurador, puntos que iría perdiendo al incumplir determinados preceptos, un menú para este restaurador tímido y un tratamiento médico con la famosa «Timidina con vitamina C» para curar los males que afectan a los restauradores, aconsejándoles poner en práctica el espíritu de la no violencia sobre sus edificios.

Con mucho humor, Marco Ermentini, arquitecto e inventor de la Timidina, en su Farmacia di Marco Ermentini propone diversos medicamentos para el arquitecto restaurador.

Pues bien, agradeciendo estas notas de humor a Ermentini, creo que esta Timidina C también sería muy adecuada para algunos arquitectos de obras de nueva planta. Hace unos días, en La ciudad viva, Stepienybarno publicaban un artículo, «El estilo de la arquitectura» poniendo el acento en la tendencia de algunos arquitectos hacia los derroches formales innecesarios.

Por otro lado, dejando de lado el aspecto jocoso, si esta actitud para actuar sobre un edificio histórico podía resultar cuando menos inusual en aquellos años, la crisis la hace que más plausible que las que llevan a intervenciones drásticas y, por lo tanto, mucho más costosas.

En la obra de restauración el arquitecto debe tener en cuenta a otras disciplinas, pero lo mismo ocurre en los nuevos edificios. Si allá la historia y la arqueología tenían mucho que aportar al resultado final, aquí los sueños del arquitecto deben estar supeditados al paisaje, al entorno, a las necesidades del usuario y a sus recursos económicos. Porque la buena arquitectura se hace a pesar de todos estos condicionantes. Sí: como la magia del ilusionista, que a pesar de las dificultades sabe finalmente sacar el conejo de la chistera.

Como bien dicen Stepienybarno en su artículo, la sobredosis de información hoy en día existente, a través de blogs y publicaciones de arquitectura, hace que importe solo el aspecto visual y formal de la arquitectura, olvidando que la buena arquitectura se sustenta sobre ideas. Los arquitectos miran los blogs. Se ven formas, pero no el concepto que las sustenta. La mayor parte de las publicaciones se limitan a bellísimas fotos, y, salvo honrosas excepciones, no nos ayudan a entender las ideas y condicionantes del edificio.

¿No podríamos también recetar una dosis de Timidina a algunos arquitectos para que dejasen de lado su ego y permitiesen que el edificio se sustentase en el rigor teórico de una idea y en consideraciones ambientales, paisajísticas, constructivas y formales?

¿No podríamos, como sugiere el manifiesto de la Shy Architecture Association crear un carné por puntos, e ir penalizando a los que prefieren ejercer la escultura, a los que no cumplen los condicionantes funcionales del cliente, a los que proyectan olvidándose del entorno, o simplemente se olvidan de practicar el oficio de arquitecto limitándose a ejercer de artistas?

Y, para quien quiera leer la página de SAA, os ofrezco a continuación la traducción de la misma:

 

SAA

En estos tiempos de cotilleos, de consumo, cuando impera la eficiencia, cuando se considera el mundo como una mina a explotar, cuando no se respetan las personas ni las cosas, en tiempos en que la técnica ha pasado de ser un medio a ser un fin, tiempos de  economía de ingenio, de producir resultados a toda costa y con inmediatez, incluso en el campo de la arquitectura y de la restauración, en estos tiempos es necesario hacer una pausa y reflexionar, tomarse el tiempo para pensar y distanciarse de las cosas.

El Carácter tímido, atento y sensible, temeroso, de reacción lenta, nos hace entender sabiamente nuestros propios límites y nos impulsa a dedicarnos con afán, a entender y a conservar todos los aspectos que normalmente la arquitectura y la restauración juzgan secundarios y descuidan. Estudiando los edificios y los lugares degradados o enfermos se llega a amarlos, y amándolos se llega a entenderlos. Así, el estudio, el afecto y la comprensión son una sola cosa. Puede ser que ver el mundo con claridad signifique no actuar, o actuar con timidez. Así, la verdadera riqueza de la restauración tímida es saber intervenir con poco, que es algo que nunca falta, utilizando el conocimiento, la conservación de lo existente y la estratificación de la nueva arquitectura con cautela, con cuidado, humildad e inteligencia. Ser tímidos no es signo de un menor grado de presencia, sino que más bien indica un modo más discreto de situarse en la realidad utilizando la no violencia hacia las cosas.

Esta página web es un intento de ampliar la «caja de herramientas» para reaccionar a nuestra condición proponiendo el pensamiento tímido como bolsa de resistencia, como maestro de retirada y de rendición, como nueva virtud de este siglo a partir de la restauración, que es el ámbito en el que en Italia se desarrollan la mayor parte de las teorías de arquitectura. Pero no solo eso; la timidez es quizás la propia raíz del ser humano: si se interioriza, puede hacer que nuestra vida se vuelva drástica y capaz de un cambio consciente.

Es cierto que las acciones de la Shy Architecture Association (Asociación para la Arquitectura tímida) son provocativas, irónicas y «maravillosamente inconsecuentes», pero a veces, jugando se puede también alcanzar una pizca de verdad.

SAA

Manifiesto

MANIFIESTO ROJO DE LA ARQUITECTURA TÍMIDA

En la Academia de las Bellas Artes de Brera, en Milán, en septiembre del año 2000, nació una asociación, Shy Architecture Association, que pretende promover una actitud tímida en la arquitectura y la restauración, y que pone en evidencia una forma diferente de enfrentarse a lo preexistente. Los padres fundadores son el filósofo Andrea Bortolori, el artista Aldo Spoldo y el arquitecto Marco Ermentini. Las intenciones de la S.A.A. se plasman en el Manifiesto Rojo. Veamos de qué se trata.

«Hoy en día, la única teoría de la restauración que se puede profesar es el final de las teorías de restauración. En casi dos siglos, se han visto muchas.

La situación actual está dominada por la voluntad de convertir y por ello, la técnica, que era un medio, se ha convertido en un fin que hacer girar al mundo. La virtud de hoy es hacer las cosas en menos tiempo que los demás. El campo de la restauración se ha adaptado a la locura del mundo actual.

Ha llegado el momento de tomarse un respiro, de echarse una siesta. Ha llegado el momento de tomar distancias, de abandonarse: hay que descansar. Hay que alejarse de las cosas para verlas mejor del mismo modo que hay que salir de la ciudad para ver lo altas que son sus torres.

La restauración tímida, y, en general, la arquitectura tímida, se inspiran en el carácter tímido. Las personas valientes cambian, modifican y alteran la realidad, pero los tímidos son los protectores de la vida. Son los verdaderos «conservadores». Los tímidos son atentos y sensibles, a veces sus cautelas pueden ser excesivas, pero raramente se confunden cuando atisban el peligro. Son nuestros centinelas; si los escuchamos, su miedo nos puede proteger a todos. El tímido es el único que nos permite entender nuestros propios límites, que nos señala nuestra limitación humana (conócete a ti mismo): la timidez es nuestra sabiduría.

La restauración tímida es el arte de saber escuchar. Cierto: es muy difícil aprender a hacerlo. Esto vale también en nuestro comportamiento con los demás. El tímido aprende a escuchar al otro, absteniéndose de anticipar su pensamiento (creyendo, tal vez, haberlo ya entendido) y está dispuesto a prestar atención. El pensamiento tímido hojea las páginas de un libro parándose mucho tiempo en cada línea y en los espacios en blanco entre las líneas, sin prisa alguna por saber cómo terminará la historia. Vuelve sobre sus pasos porque le parece que no ha entendido.

El tímido utiliza la virtud aristotélica de la prónesis que es la sabiduría práctica que necesitamos para actuar y tomar decisiones en las diferentes situaciones de la vida.

La verdadera riqueza del arquitecto o del restaurador tímido viene de saber intervenir con poco, algo que nunca falta. Al contrario, la locura de la restauración tradicional y de la arquitectura contemporánea está basada en la técnica milagrosa, en el despilfarro de los recursos, en el consumismo desbordante, en la opulencia, en la voluntad de poder que es solo un fantasma.

La gran riqueza de la restauración tímida es la ausencia, la renuncia a la intervención según el principio del «calma, no moverse», la inutilidad de la intervención si no es necesaria. Su cualidad es la de esconderse, pararse en el momento oportuno, la falta de espectacularidad de la intervención, la conciencia de no poder entenderlo todo, la prudencia: en pocas palabras, la timidez.

Sísifo existe, pero existe en esta tierra, lo tenemos ante nuestros ojos. Es la rueda que gira, rueda de negocios, de costos cada vez mayores, de restauraciones ejemplares, de restitución al primitivo esplendor, de selección arbitraria basada en criterios históricos o estéticos, de grandes patrocinadores, de intervenciones definitivas y macizas, de salvajes adaptaciones a la normativa, de decorticación de los revestimientos. Estamos frente a una verdadera bulimia de la restauración.

La restauración tradicional está personificada en Sísifo, mientras que la restauración tímida en el conejo.

El conejo excava. El conejo es un animal que trabaja y está en el agujero. El conejo, como el tímido, roe. Cauto ante cualquier peligro, su proverbial timidez excava, muerde, roe el mundo. A la voluntad de poder del mundo de la técnica, el carácter del tímido responde con parsimonia y economía.

La restauración tímida, o mejor, la conservación tímida, se ocupa de aquellos aspectos que la restauración, y en general la arquitectura, descuidan.

La restauración tímida, frente a la técnica, se comporta con suavidad.

La restauración tímida, frente a la economía, pone en práctica una nueva huelga: no hace huelga a la producción, sino al consumo. Omnia mea mecum porto.

El tímido, en la mesa, prueba la comida, y luego la deja».

SAA

Carné

CARNÉ POR PUNTOS PARA LA RESTAURACIÓN

 Tal y como ocurre con el carné de conducir, cada restaurador o arquitecto tiene a su disposición 20 puntos. Si se queda a cero por las infracciones cometidas, debe volver a pasar el examen de habilitación. La puntuación puede volver a ser de 20 puntos si en dos años consecutivos no comete infracciones. El nuevo códice de restauración prevé también bonos: dos años de correcta profesión dan derecho a dos puntos suplementarios, pero no es posible, en ningún caso, superar el techo de los 30 puntos. Las penalizaciones son dobles para aquellos que hayan realizado estudios de menos de tres años. Los puntos sustraídos, pueden remediarse con la toma regular de dos pastillas diarias de «Timidina con vitamina C». Se prevé la creación de la policía de restauración dotada de amplios poderes de investigación y sanción.

Sanciones:

  • Exceso de velocidad en las decisiones, 5 puntos
  • No dar prioridad al conocimiento de la obra, 8 puntos
  • Uso del teléfono móvil durante la restauración, 2 puntos
  • Invertir el sentido de la marcha de la historia otorgándole el primitivo esplendor: 20 puntos
  • Restaurar en estado de ebriedad: 5 puntos
  • Estado de alteración por el uso de sustancias estupefacientes: 10 puntos
  • Forzar el bloqueo impuesto por la policía de restauración: 10 puntos
  • Denegación de la exhibición requerida por el carné por puntos: 3 puntos
  • Inobservancia de la obligación de pararse tras una restauración desastrosa: 20 puntos
  • Inobservancia de la obligación de documentación de las operaciones efectuadas: 10 puntos
  • Restauración despreocupada e inconsciente: 20 puntos

                                                                         

Presentado como primicia mundial en el Salón de la Restauración de Ferrara de 2006, el 30 de marzo, en el stand de Nardini, el carné por puntos suscitó mucho interés entre los adeptos a los trabajos y mereció el mismo día un artículo de Beppe Severigni en el Corriere della Sera: «Cuando la política debería merecer un carné por puntos».

 

 

Funcionamiento de una Fábrica ilustrada

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Vertido en el río de la regata Iturriol. Foto de la autora.

 

Hoy vamos a adentrarnos en la fábrica. Existe una documentación muy completa en la página Arqueología y Patrimonio Industrial de Monsacro.net, que os recomiendo explorar. Además, también hay numerosas fotos para quien quiera hacerse una idea del conjunto.

Quiero hoy completar la información existente explicando cómo funcionaba esa fábrica, el primer edificio industrial moderno de Navarra.

Porque en 1785, la disposición de la Fábrica y de cada uno de sus elementos estaba pensado para aprovechar al máximo la energía a su alcance.

La elección del sitio no era casual: la Fábrica ocupa el lugar de una antigua ferrería medieval, documentada ya en 1432, que se nutría de mineral de las minas de hierro de Txangoa, Arrollandieta y otras. En la segunda mitad del siglo XVIII existía muy cerca otra pequeña ferrería, además de una fábrica de cobre.

Efectivamente, en la zona de Orbaizeta, se daban todos los elementos necesarios para implantar un establecimiento de ese tipo: madera de los bosques de Irati, agua en abundancia minas, y también hierba.

1. Carga de un horno y rueda de fuelles

El conjunto, cuya construcción se inició en 1784, responde exactamente a los criterios ilustrados de la Enciclopedia francesa, según podemos comprobar en las imágenes. Seguía las pautas que ya se habían aplicado en la cercana fábrica de armas de Eugui.

La fábrica se organiza en pabellones dispuestos en cuatro calles paralelas situadas a tres niveles, adaptados a la orografía del lugar, y separando la actividad industrial de la residencial.

La sección transversal es una V en cuya parte inferior discurre el río Legarza. Al sur del mismo, los edificios de carboneras cuyo incendio se pretendía evitar con la proximidad del agua, y el camino de carboneras por donde llegaban los suministros del combustible, que cierra el conjunto por el sur.

 

Planta de la Fábrica (Aurora Rabanal: Las Reales Fábricas de Eugui y Orbaizeta)

2. Planta del conjunto

Al otro lado del cauce, y en el nivel inferior, estaban las ruedas o tornos de aire y la zona limpia de municiones. Enfrente de estos edificios, una refinería y los hornos de «reverbero» para la fundición de los modelos de bronce. Hacia el oeste, los hornos y talleres de moldería y en el patio siguiente la carpintería y los almacenes de cajas y de modelos, la herrería, la cerrajería y el taller de martinetes

Sección. Aurora Rabanal Yus: Las Reales Fábricas de Eugui y Orbaizeta
3. Sección. 

 

Al mismo nivel, en un nuevo patio, podemos ver aún el apoyo de la canaleta que llevaba el agua hasta la rueda hidráulica para las fraguas y, finalmente en un nivel algo más alto, almacenes para hierro batido, herrajes y acero, otro taller de martinetes y el pequeño horno de Santa Bárbara.

En una línea un poco más elevada y tras acceder por una escalera desde la mesa de moldería, se situaban los depósitos de menas o menateguis y unas casas de operarios. Subiendo nuevamente, accedemos a la zona residencial distribuida alrededor de una plaza cerrada al oeste por la antigua iglesia y lo que fueron casas de operarios y al este por un cuartel, hoy desaparecido.

Foto del conjunto a finales del siglos XIX. Foto cedida por el Ayto. de Orbaizeta.
4. Foto del conjunto a finales del siglos XIX. 

Al otro lado del cauce, y en el nivel inferior, estaban las ruedas o tornos de aire y la zona limpia de municiones. Enfrente de estos edificios, una refinería y los hornos de «reverbero» para la fundición de los modelos de bronce. Hacia el oeste, los hornos y talleres de moldería y en el patio siguiente la carpintería y los almacenes de cajas y de modelos, la herrería, la cerrajería y el taller de martinetes

Al mismo nivel, en un nuevo patio, podemos ver aún el apoyo de la canaleta que llevaba el agua hasta la rueda hidráulica para las fraguas y, finalmente en un nivel algo más alto, almacenes para hierro batido, herrajes y acero, otro taller de martinetes y el pequeño horno de Santa Bárbara.

En una línea un poco más elevada y tras acceder por una escalera desde la mesa de moldería, se situaban los depósitos de menas o menateguis y unas casas de operarios. Subiendo nuevamente, accedemos a la zona residencial distribuida alrededor de una plaza cerrada al oeste por la antigua iglesia y lo que fueron casas de operarios y al este por un cuartel, hoy desaparecido.

El centro de la plaza estaba presidido por el Palacio, con varias residencias para empleados a ambos lados. Bajo la plaza, una presa de sillería recoge las aguas de la regata Txangoa cerca de su unión con la de Itolaz y la canaliza hasta la maquinaria de la fábrica. En esta zona las construcciones se levantan sobre unas grandes bóvedas de piedra que forman una plataforma sobre el desnivel del terreno y conducen las aguas del río Legarza y de la regata Iturriol, que entra por debajo del palacio, y canaliza las aguas sucias del mismo.

Tanto la zona industrial como la residencial, estaban cerradas. La plaza tenía tres puertas: la de Aézkoa al este, la de Burguete al oeste, y la de Francia al norte, junto al Palacio. El acceso principal se realizaba inicialmente desde el camino a Burguete, que era su enlace con la fábrica de armas de Eugui y con Baztán, y por el río Bidasoa, con Fuenterrabía y el mar.

En un extremo, al lado sur del río, aún queda un pequeño cementerio cuyas lápidas, de hierro, han desaparecido. También han desaparecido los restos del frontón de chapa, del suelo de la fábrica del mismo material y de las tejas metálicas que cubrían las edificaciones. Solo los peldaños de las escaleras que bajan desde la plaza nos dan una idea de cómo fue aquel pavimento.

La fábrica era un pueblecito, con su iglesia, escuela, panadería, cementerio y palacio del gobernador. La madre de Pío Baroja vivió allí. Y hay muchas familias que la llevan en el recuerdo, pues estuvo funcionando hasta finales del siglo XIX.

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5. Carboneras

El bosque del Irati es el mayor hayedo de Europa. Una preciosidad en otoño que os recomiendo visitar. Además de su uso en carpintería, y como combustible, antiguamente se utilizaba también la madera para hacer carbón. Se podaban las hayas de modo que aumentase el número de ramas y su aprovechamiento era así mayor. La madera se quemaba en las carboneras que los carboneros, pacientemente, construían y vigilaban en los montes, hasta que el carbón estuviera a punto.  Entonces, traído en carretas desde las cercanías, se vertía por gravedad a las carboneras y, desde allí, a través de pasarelas apoyadas sobre las arquerías, que discurrían sobre el río, se llevaban hasta los hornos.

Alrededor de la fábrica podemos ver numerosas hayas trasmochas que cedieron la elegancia de su porte original en aras del progreso.  Por otro lado, la existencia de madera en torno a la fábrica era un elemento importante ya que, además de la piedra, era un elemento primordial para la construcción de cubiertas y forjados.

 

6. Molde de bala de cañón

Si el carbón era el combustible utilizado, el agua era el motor. Canalizada, el agua de las regatas Txangoa e Itolaz y movía las ruedas de los fuelles, no sólo de los hornos, sino también de la fragua y de las demás máquinas de la fábrica. La del río Learza se utilizaba como elemento de transporte de la madera que bajaba del monte y la de la regata Iturriol como canalización de saneamiento, tanto del Palacio como de las viviendas de los operarios. Una letrina instalada sobre uno de los canales estuvo funcionando hasta ya bien entrado el siglo XIX.

El mineral de hierro llegaba de las minas cercanas de Txangoa y Allorrandieta que ya se explotaban en la Edad Media. Su explotación estuvo inexorablemente unida al funcionamiento de la fábrica. El mineral llegaba a través de la puerta de Burguete, y los carros, situados sobre los depósitos de menas, dejaban caer las piedras por gravedad hasta los depósitos desde donde se conducían hasta las bocas de los hornos.

Os preguntaréis ¿y para qué es necesaria la hierba en una fábrica de armas? Pues lo primero que os tengo que decir es que, aunque siempre se le ha llamado así, la Fábrica de Armas no es tal, sino que en su día era una fábrica de municiones, en concreto de bombas, para los cañones de otras fábricas, esas sí, de armas, como la de Eugui. Y para hacer las bombas, como muy bien viene ilustrado en la Enciclopedia Francesa, se utilizan unos moldes que dejaban un hueco en el interior de la esfera. Ese hueco se rellenaba con hierba seca de los montes, que la fábrica consumía en grandes cantidades.

La fábrica abandonó su producción en 1885. El bosque que había sido esquilmado comenzó entonces su venganza y poco a poco se fue adueñando del lugar, creando un ambiente mágico.

¿Qué queda de todo ello? Otro día os lo contaré.

 

Foto de portada: @Mercedes Sánchez-Marco

Dibujos 1, 5 y 6: pertenecen a la edición original de la Encyclopédie, ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, editada por Diderot y D’Alembert en el SXVIII, pocos años antes del inicio de las obras

Dibujos 2 y 3: Aurora Rabanal Yus, Las Reales Fábricas de Eugui y Orbaizeta

Foto 4: Foto cedida por el Ayto. de Orbaizeta.

 

La Fábrica de Municiones de Orbaizeta

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La arquería sobre el río Legarza. Foto de la autora.

 

Mañana se inaugura en Segovia la exposición: 100 Elementos del Patrimonio Industrial en España y quiero sumarme a ella, añadiendo un nuevo ejemplo de patrimonio industrial.

He tenido la suerte de trabajar durante unos años en el proyecto de rehabilitación de un conjunto fabril del siglo XVIII. He dejado mucha ilusión entre aquellas piedras, y por eso quiero hoy traerlo hasta aquí.

En el Norte de Navarra, al fondo de un valle difícilmente accesible en los meses más duros del invierno, escondidos entre la vegetación, se alzan los restos de una de los primeros conjuntos fabriles de España: la Fábrica de Municiones de Orbaizeta.

El conjunto integrado por el núcleo de la propia fábrica y todo el conjunto de viviendas, los caminos y bosques, minas y cursos de agua que formaron parte del sistema fabril, constituye una parte muy importante del patrimonio histórico y cultural del Valle de Aezkoa, y un hito en el patrimonio industrial español.

En funcionamiento hasta finales del XIX, El Conjunto de la Real Fábrica de Orbaizeta está situado a 4 km del núcleo de la población de Orbaizeta, en el Pirineo navarro. Construida a finales del siglo XVIII sobre los restos de una antigua ferrería, pronto se vio inmersa en sucesivas fases de destrucción y puesta en marcha, debido a su posición cercana a la frontera con Francia y a las numerosas guerras de la época.

La Fábrica estuvo en funcionamiento durante un siglo y fue determinante en la vida del Valle durante la época de su funcionamiento. Su abandono ha dado paso a la progresión del bosque que poco a poco ha ido recuperando un lugar entre los viejos muros.

Hoy en día sólo quedan las ruinas de lo que fue, junto a la fábrica de armas de Eugui, uno de los primeros ejemplos de industrialización de la producción metalúrgica. «La creación de las Reales Fábricas de municiones de hierro de Eugui y Orbaiceta, presenta, pues, el paso de una industria rural de tipo tradicional al nuevo modelo económico y concepto espacial que representa la Real Fábrica y la población industrial».[1]

En la estructura de la fábrica de Orbaizeta se quisieron poner en marcha las ideas ilustradas que dieron pie a las primeras fábricas modernas, con una separación clara entre la actividad fabril y la vida de las personas y familias que constituían el núcleo poblacional. Todo ello en un entorno ideal para la fabricación del hierro, por la cercanía de madera para hacer el carbón, de mineral de hierro para las menas, y de agua como fuente de energía para la limpieza del mineral y para el movimiento de las ruedas de los fuelles; estaba alejado de los núcleos de población, pero una red viaria comunicaba con Pamplona y, por Baztán con Fuenterrabía y el mar.

La Fábrica de Orbaizeta formaba parte del sistema fabril del norte de la península que suministraba al ejército español, muy relacionada con la fábrica de Eugui donde se fundían los cañones. Efectivamente en Orbaizeta se vuelve a utilizar el mismo esquema de funcionamiento ya empleado en la fábrica de Eugui: carbonera de carga elevada y descarga aérea a través de la plataforma que cubre parcialmente el río hasta alcanzar la boca superior del horno, sistema claramente inspirado en los grabados de la Enciclopedia francesa. También es aérea la carga del depósito de menas. Este funcionamiento se apoya en la ubicación de la fábrica, que permite la creación de tres niveles diferenciados: el punto más bajo es el nivel ocupado por la fábrica, y el más alto, la plaza, donde se desarrolla un espacio urbano con el palacio como centro de las construcciones dedicadas a viviendas y la iglesia presidiendo el conjunto desde uno de los lados menores. Este espacio superior está abierto a sendas puertas de comunicación con el espacio exterior: la de Aezkoa y la de Burguete en el eje longitudinal, y la de Francia en la calle situada junto al Palacio. El área industrial ocupa los niveles más bajos, a ambos lados del río Learza.

La cercanía de la frontera fue, sin embargo, la causa de las repetidas destrucciones, ya que, objetivo prioritario de las tropas en lid, fue ocupada, saqueada e incendiada durante la guerra de la Convención y, posteriormente, durante la invasión francesa.

Tenemos, por lo tanto, un conjunto fabril de finales del siglo XVIII, con sucesivas reformas durante el XIX, abandonada desde finales de dicho siglo y hoy en ruina. El conjunto de construcciones dedicadas a viviendas está parcialmente en uso.

El interés del Ayuntamiento de Orbaizeta para realizar una valoración de las posibilidades de las ruinas de la fábrica, llevó a que en la década de los años 80 el Gobierno de Navarra encauzase ese deseo mediante la creación de campos de trabajo cuyos «…objetivos generales eran la limpieza, adecuación, recuperación, consolidación e incluso restauración de elementos concretos, con la finalidad última de dar un contenido a este yacimiento, bien como ruina visitable o como ecomuseo. Esta intervención debía ser el punto de partida para la redacción de un plan director de este conjunto, en el que participaran distintas instituciones». [2]

Estos campos de trabajo se interrumpieron en 1991, y el bosque, esquilmado en siglos pasado por la tala de árboles para obtener carbón de leña, el combustible de los hornos de la fábrica, avanzó inexorable cubriendo parte de las ruinas.

Declarado Bien de Interés Cultural en el año 2008, ese mismo año se convocó un concurso para el desarrollo de propuestas tanto arquitectónicas como de viabilidad turística del conjunto.

Y seguiremos otro día…

[1] Aurora Rabanal Yus: Las Reales Fábricas de Eugui y Orbaiceta. pg. 30.

[2] Ana Carmen Sanchez Delgado: La Real Fábrica de Orbaiceta (Navarra). Arqueología Industrial y Campos de Trabajo, 1986-1991.

Foto: @Mercedes Sánchez-Marco