Defendamos nuestra lengua

Fotografía de la autora
Bajorrelieve del teatro de Myra

Hace unos días tuve ocasión de escuchar durante dos horas a una persona de un país hermano. Era un gran hablador, y mientras lo escuchaba, su manera de expresarse y lo que decía me hicieron reflexionar.

Por su forma de hablar, la riqueza de su léxico y su corrección en las formas y en su expresión, podía pasar entre nosotros por una persona con estudios superiores.

Entre otras cosas, se lamentaba de la brusquedad en el trato, los malos modos y las expresiones violentas acompañadas de juramentos que empleamos en estas tierras del norte, y que tanto le extrañaban y le dolían cuando iban dirigidas a él. «Con un Hola la gente de aquí cree que ya saluda, nunca dicen buenos días o buenas tardes, y a mí, ese hola, si no va acompañado, no me basta. Y qué le voy a decir de los juramentos, que los hombres y hasta las mujeres emplean para sentirse más fuertes…».

La persona en cuestión era un trabajador de la construcción, un peón sin cualificar que, tras un periplo como emigrante sin papeles por otros países, había llegado hasta aquí.

Y sentí vergüenza, porque tenía razón. Es cierto que entre nosotros no hay tanta violencia en las calles como en algunos países. Pero ¿acaso la violencia verbal no es violencia? Y la educación ¿no empieza por aprender a hablar con corrección y respeto al prójimo? Y qué decir de la pobreza en el uso de nuestra lengua: damos mucha importancia al aprendizaje de otros idiomas, pero el dominio del nuestro no va a la par con otros conocimientos adquiridos. Ni en las familias ni en las escuelas se da la suficiente importancia al aprendizaje lingüístico y, además, ciertos adultos piensan que los tacos, juramentos y expresiones incultas dan fuerza a sus ideas…o las sustituyen.

Por otro lado, ayer se inició una discusión en el foro de Asetrad sobre el mal uso de nuestra lengua, en concreto las palabras prestadas del inglés. Es un fenómeno que no sólo ocurre entre las gentes de habla hispana y que es frecuente en el ámbito de la gestión empresarial. A menudo es por pedantería y por esconder la pobreza del propio léxico con palabras que suenan bien o por presumir de saber inglés, por seguir la moda o incluso por dejadez.

Es más grave cuando se trata de contaminación involuntaria, ya que es imposible evitar los errores de los que no somos conscientes. Así, incluso los españoles viviendo en España, nos podemos encontrar hablando de insertar, aplicar (acabo de insertar un vínculo), diciendo sí, puedo, cuando vamos a hacer footing, o que estamos contentos porque nos han reclutado para la posición a la que habíamos aplicado. Y todo ello porque estamos influenciados por el inglés y la cultura anglosajona dominante.

Y conforme iba leyendo las expresiones de contaminación lingüística que se vertían en las diferentes intervenciones del foro, me ponía en guardia, porque no soy ajena a ese uso inapropiado del español y reconozco que utilizo a veces mi idioma de forma incorrecta.

Si al traducir un texto lleno de palabras del inglés, me siento como si estuviese en guerra contra el invasor, ahora, después de leer todas las intervenciones en dicho foro, soy consciente del largo camino que me queda por delante para convertirme, además de arquitecta y traductora, en lingüista, y dominar mi lengua para no dar tregua al conquistador.

Me consuela, sin embargo, ver que el español no es la única lengua en que se ha infiltrado el inglés. En el lenguaje empresarial, el italiano, más aún que el francés o el español, utiliza un mayor número de expresiones inglesas que nosotros, incluso cuando es obvio que existe una expresión equivalente en ese idioma. Se siente un enorme placer entregando al cliente un texto sin ninguna palabra tomada del inglés, cuando en el original hemos encontrado entre veinte y treinta palabras inglesas.

Por otro lado, no es este un fenómeno nuevo ya que, dentro de mi especialidad, se aceptaron en su día, y hoy usamos con naturalidad, palabras tales como chabola, mansarda, arbotante, bordillo, chaflán, parqué, tomadas del francés o esgrafiado, escarpa, estuco y cartucho, de origen italiano. ¿Fueron necesarias? ¿Son necesarias las palabras inglesas que utilizamos actualmente al hablar en español? Lo lamentable es que, existiendo su equivalente en español, se prefieran las palabras del idioma invasor.

¡En guardia! Nosotros, los que trabajamos el idioma, tenemos que defender la riqueza del mismo. Está en nuestras manos educar a los que nos rodean, utilizando todo nuestro léxico, para que no volver a oír a nadie decir lo mal que hablamos a este lado del océano.

 

La Fábrica de Municiones de Orbaizeta

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La arquería sobre el río Legarza. Foto de la autora.

 

Mañana se inaugura en Segovia la exposición: 100 Elementos del Patrimonio Industrial en España y quiero sumarme a ella, añadiendo un nuevo ejemplo de patrimonio industrial.

He tenido la suerte de trabajar durante unos años en el proyecto de rehabilitación de un conjunto fabril del siglo XVIII. He dejado mucha ilusión entre aquellas piedras, y por eso quiero hoy traerlo hasta aquí.

En el Norte de Navarra, al fondo de un valle difícilmente accesible en los meses más duros del invierno, escondidos entre la vegetación, se alzan los restos de una de los primeros conjuntos fabriles de España: la Fábrica de Municiones de Orbaizeta.

El conjunto integrado por el núcleo de la propia fábrica y todo el conjunto de viviendas, los caminos y bosques, minas y cursos de agua que formaron parte del sistema fabril, constituye una parte muy importante del patrimonio histórico y cultural del Valle de Aezkoa, y un hito en el patrimonio industrial español.

En funcionamiento hasta finales del XIX, El Conjunto de la Real Fábrica de Orbaizeta está situado a 4 km del núcleo de la población de Orbaizeta, en el Pirineo navarro. Construida a finales del siglo XVIII sobre los restos de una antigua ferrería, pronto se vio inmersa en sucesivas fases de destrucción y puesta en marcha, debido a su posición cercana a la frontera con Francia y a las numerosas guerras de la época.

La Fábrica estuvo en funcionamiento durante un siglo y fue determinante en la vida del Valle durante la época de su funcionamiento. Su abandono ha dado paso a la progresión del bosque que poco a poco ha ido recuperando un lugar entre los viejos muros.

Hoy en día sólo quedan las ruinas de lo que fue, junto a la fábrica de armas de Eugui, uno de los primeros ejemplos de industrialización de la producción metalúrgica. «La creación de las Reales Fábricas de municiones de hierro de Eugui y Orbaiceta, presenta, pues, el paso de una industria rural de tipo tradicional al nuevo modelo económico y concepto espacial que representa la Real Fábrica y la población industrial».[1]

En la estructura de la fábrica de Orbaizeta se quisieron poner en marcha las ideas ilustradas que dieron pie a las primeras fábricas modernas, con una separación clara entre la actividad fabril y la vida de las personas y familias que constituían el núcleo poblacional. Todo ello en un entorno ideal para la fabricación del hierro, por la cercanía de madera para hacer el carbón, de mineral de hierro para las menas, y de agua como fuente de energía para la limpieza del mineral y para el movimiento de las ruedas de los fuelles; estaba alejado de los núcleos de población, pero una red viaria comunicaba con Pamplona y, por Baztán con Fuenterrabía y el mar.

La Fábrica de Orbaizeta formaba parte del sistema fabril del norte de la península que suministraba al ejército español, muy relacionada con la fábrica de Eugui donde se fundían los cañones. Efectivamente en Orbaizeta se vuelve a utilizar el mismo esquema de funcionamiento ya empleado en la fábrica de Eugui: carbonera de carga elevada y descarga aérea a través de la plataforma que cubre parcialmente el río hasta alcanzar la boca superior del horno, sistema claramente inspirado en los grabados de la Enciclopedia francesa. También es aérea la carga del depósito de menas. Este funcionamiento se apoya en la ubicación de la fábrica, que permite la creación de tres niveles diferenciados: el punto más bajo es el nivel ocupado por la fábrica, y el más alto, la plaza, donde se desarrolla un espacio urbano con el palacio como centro de las construcciones dedicadas a viviendas y la iglesia presidiendo el conjunto desde uno de los lados menores. Este espacio superior está abierto a sendas puertas de comunicación con el espacio exterior: la de Aezkoa y la de Burguete en el eje longitudinal, y la de Francia en la calle situada junto al Palacio. El área industrial ocupa los niveles más bajos, a ambos lados del río Learza.

La cercanía de la frontera fue, sin embargo, la causa de las repetidas destrucciones, ya que, objetivo prioritario de las tropas en lid, fue ocupada, saqueada e incendiada durante la guerra de la Convención y, posteriormente, durante la invasión francesa.

Tenemos, por lo tanto, un conjunto fabril de finales del siglo XVIII, con sucesivas reformas durante el XIX, abandonada desde finales de dicho siglo y hoy en ruina. El conjunto de construcciones dedicadas a viviendas está parcialmente en uso.

El interés del Ayuntamiento de Orbaizeta para realizar una valoración de las posibilidades de las ruinas de la fábrica, llevó a que en la década de los años 80 el Gobierno de Navarra encauzase ese deseo mediante la creación de campos de trabajo cuyos «…objetivos generales eran la limpieza, adecuación, recuperación, consolidación e incluso restauración de elementos concretos, con la finalidad última de dar un contenido a este yacimiento, bien como ruina visitable o como ecomuseo. Esta intervención debía ser el punto de partida para la redacción de un plan director de este conjunto, en el que participaran distintas instituciones». [2]

Estos campos de trabajo se interrumpieron en 1991, y el bosque, esquilmado en siglos pasado por la tala de árboles para obtener carbón de leña, el combustible de los hornos de la fábrica, avanzó inexorable cubriendo parte de las ruinas.

Declarado Bien de Interés Cultural en el año 2008, ese mismo año se convocó un concurso para el desarrollo de propuestas tanto arquitectónicas como de viabilidad turística del conjunto.

Y seguiremos otro día…

[1] Aurora Rabanal Yus: Las Reales Fábricas de Eugui y Orbaiceta. pg. 30.

[2] Ana Carmen Sanchez Delgado: La Real Fábrica de Orbaiceta (Navarra). Arqueología Industrial y Campos de Trabajo, 1986-1991.

Foto: @Mercedes Sánchez-Marco